Condenados a salvar vidas

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Billete de ida ¿y vuelta? para los bomberos sevillanos acusados de tráfico de inmigrantes por Grecia

  • Manuel Blanco, Julio Latorre y Quique Rodríguez afrontan con incertidumbre el juicio del próximo 7 de mayo y defienden su inocencia
  • Los bomberos detenidos en Lesbos se podrían enfrentar hasta a 10 años

Madrugada del 14 de enero de 2016. En una playa de la isla de Lesbos se reúnen, como cada noche, voluntarios de una decena de países para coordinar el rescate y recibir a los refugiados sirios que no paran de llegar tras atravesar las heladas aguas del mar Egeo. Es el Camp Fire de las ONG que se han desplazado hasta Grecia para tratar de paliar la crisis humanitaria.

Manuel Blanco, Julio Latorre y Quique Rodríguez llevan ya 13 días en Lesbos participando en los operativos de auxilio de la ONG Proem Aid, pero esa noche su embarcación está varada y permanecen en la playa. Para echar una mano en lo que haga falta.

La ocasión llega en forma de una llamada que suena en el móvil de Manuel. La ONG danesa Team Humanity les pide ayuda para salir al rescate de una barca cargada de refugiados sirios que ha sido detectada en dirección a Lesbos. Los tres bomberos sevillanos no lo dudan, han viajado hasta allí para salvar vidas y hay poco que pensar.

Pero esa noche no rescatan a nadie, la embarcación de refugiados no aparece y, en su lugar, se topan con la de los guardacostas griegos. Apenas unas horas después de dejar la playa, Manuel, Julio y Quique son encerrados en una celda de la que no saldrán hasta casi tres días después, bajo fianza y acusados de intentar introducir inmigrantes ilegalmente en el país, un delito castigado en el código penal griego con hasta diez años de cárcel por cada persona introducida irregularmente.

Han pasado algo más de dos años desde aquello, pero la pesadilla de los tres bomberos sevillanos está hoy más presente que nunca. El 7 de mayo, a las nueve de la mañana, los tres están citados en un tribunal de Mitilene, la capital de Lesbos, para ser juzgados junto a los dos daneses con los que fueron apresados aquella noche.

“Vivimos una montaña rusa de emociones”, recuerda Julio, 34 años y bomberos del Ayuntamiento de Sevilla. Compartieron los cinco una celda de tres por tres metros en la que durmieron algunos en el suelo y otros apoyados contra la pared en una especie de banco. “Cuando uno estaba peor, los demás tratábamos de animarle”, añade.

Lo mismo que ahora hacen ante la proximidad de un juicio en el que no confían demasiado. Tratan de conjurar el temor creciente dejando oír su voz y contando su historia a todo el que la quiera escuchar. Es jueves, llueve en Sevilla de forma incesante y Manuel, Julio y Quique expresan sus temores y sus esperanzas en el parque de bomberos de Mairena del Aljarafe, donde se reúnen con EL MUNDO y denuncian lo que no dudan en calificar como un intento de criminalizar la ayuda humanitaria.

“Han sido dos años complicados”, dice Manuel, el más veterano de los tres, 47 años y sargento del cuerpo de bomberos de la Diputación de Sevilla. Dos años en los que les ha dado tiempo, mucho tiempo, a pensar en lo que sucedió aquel 14 de enero de 2016. Pero, pese a ello, pese a que no han podido podido pasar página, ninguno está todavía seguro de por qué fueron detenidos.

“Hay muchas hipótesis“, dice Quique. “Nosotros no íbamos en nuestro barco, ¿iban a por ese barco? ¿Era un escarmiento para que nadie se metiese en el agua?”, se pregunta en voz alta.

Con todo, Quique -el más joven de los tres voluntarios de Proem Aid acusados por la Justicia griega (32 años) y bomberos del Ayuntamiento hispalense como Julio- es el más optimista. “Va a ir bien, al cien por cien”, dice en contraste con la opinión de sus compañeros. “No tengo la sensación de que vaya a acabar como todos querríamos”, comenta Julio, a lo que asiente Manuel, que insiste en que “es una cuestión muy grave“.

En estos dos años, se lamentan, no han dejado del todo aquella celda de Mitilene y no han podido escapar de la sombra que amenaza sus vidas y que las ha condicionado en este tiempo hasta el punto de que no han vuelto a participar en una misión humanitaria. No porque les falten ganas o convicción, sino porque “no lo aconsejaban los abogados”, responde Manuel.

Si volverán pronto o no a participar en rescates, a seguir con sus vidas en definitiva, está en manos del juez griego que les espera el 7 de mayo. Los billetes de avión para regresar a Lesbos serán, en cualquier caso, de ida y vuelta.

Fuente: www.elmundo.es


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